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M. Cordoba

Jacaranda Vol. 2

Jacaranda Vol. 2

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Qué contiene este volumen

El Encanto de la Yara

71 páginas · 1 h 20 min · final feliz

El Juego de los Larraín

89 páginas · 1 h 45 min · final feliz

El volumen completo: 161 páginas · ~3 h de lectura.

 

DOS NOVELAS COMPLETAS EN UN SOLO VOLUMEN. UNA MUJER QUE LLEGÓ HUYENDO. OTRA QUE LLEGÓ A NEGOCIAR.

Jacaranda II reúne dos romances contemporáneos de alto calor: una historia en la costa de Punta del Este y otra en el mundo cerrado de los negocios familiares. Las dos tienen protagonistas adultas, tensión sostenida, una sola pareja y deseo explícito sin dark romance.

EL ENCANTO DE LA YARA

Romance contemporáneo · empleador y empleada · slow burn costero

Rubi llega a Punta del Este después de perder demasiado. Fue repostera, tuvo una vida propia y aprendió a moverse con una sonrisa incluso cuando no sabe dónde quedarse.

Daniel vive rodeado de control: una casa ordenada, silencios bien administrados y la costumbre de mantener a todos a distancia. Rubi entra a trabajar de forma temporal en su casa y altera algo que él creía cerrado.

Ella no intenta conquistarlo. Lo mira de frente, lo contradice cuando hace falta y descubre al hombre debajo de la autoridad.

El problema no es que Daniel la desee. El problema es que el deseo nace en una casa donde él tiene poder y ella necesita elegir sin deberle nada.

Rubi llegó huyendo, pero no para esconderse. Daniel tendrá que aprender que amar a una mujer libre empieza por no retenerla.

▸ Leer un fragmento

FRAGMENTO DE MUESTRA:

Contexto: Daniel vuelve a su casa después de una semana fuera. Todavía no conoce a Rubi; solo sabe que una mujer nueva acaba de cruzar el portón de su mundo privado.

"Después de una semana fuera, Daniel finalmente regresaba a casa.

  El auto avanzaba despacio. Él iba recostado en el asiento trasero. Ojos cerrados. Intentando sacudirse el agotamiento de cenas interminables y conversaciones vacías.

  En pocos minutos estaría en su cama. Lejos de todo. Lejos de todos.

  Pero el destino tenía otros planes.

  Un golpe seco contra el asfalto. El auto se sacudió. Se detuvo.

  —¿Qué pasa? —preguntó sin abrir los ojos.

  —Un hoyo, señor. Muy profundo. Mejor avanzar lento.

  Daniel suspiró. Estaba a pocos metros de casa y ahora esto. Deslizó las gafas de sol hasta la punta de la nariz.

  Y entonces la vio.

  Una mujer avanzaba por la acera con un contoneo casi indolente. Su vestido negro se ceñía lo justo para marcar su silueta. Con cada paso, la tela rozaba su piel

  como si el viento la acariciara en secreto.

  Daniel contuvo la respiración.

  No había nadie en su mundo que caminara así. Como si tuviera todo el tiempo del mundo.

  Cuando alcanzó el portón de la casa —su casa— lo abrió con la soltura de quien ha cruzado esa entrada cientos de veces.

  La certeza cayó sobre él como agua fría: esta desconocida pertenecía a su mundo privado. Y sin embargo, él nunca la había visto antes.

  Antes de que la puerta se cerrara, ella se giró para hablar con Lucio. Fue entonces cuando la vio reír. Ese sonido, aunque inaudible a través del cristal, vibró

  dentro de él como la nota más baja de un instrumento desconocido.

  ¿Quién diablos es ella?

  Daniel descendió del auto. Se quitó las gafas de sol. Su sola presencia modificó el aire a su alrededor.

  No era particularmente atractivo. Pero tenía esa presencia que hace que la gente se calle cuando entra a una habitación. Cejas pobladas. Nariz que había conocido  al menos una fractura. Labios que rara vez sonreían del todo.

  Y sin embargo, en ese momento, Daniel dejó de pestañear.

  Su mirada absorbió los ojos de Rubi.

  Un choque silencioso e inevitable.

  Ella sintió sus mejillas calentarse. Con una sonrisa tímida, levantó ligeramente la mano en saludo.

  Él correspondió. Casi por reflejo. Como si su cuerpo hubiera respondido antes de que su mente pudiera decidir.

  Ninguno pronunció palabra."


EL JUEGO DE LOS LARRAÍN

Romance corporativo · cliente poderoso y ejecutiva · embarazo inesperado

Valeria Montenegro llega a la mesa de negociación con una carrera construida a pulso. Sabe leer contratos, detectar riesgos y mantener la compostura incluso cuando todo el cuarto espera que falle.

Esteban Larraín no es solo un cliente importante. Es heredero, estratega y un hombre acostumbrado a que nadie confunda deseo con debilidad.

Entre ellos, cada reunión parece decir más de lo que permite la agenda. Lo que empieza como una negociación se convierte en una tensión difícil de nombrar y todavía más difícil de ignorar.

El contrato no es el único conflicto. También están la familia, la reputación, el poder y una mujer que se niega a desaparecer dentro de la vida de un hombre.

Valeria fue a negociar con él, pero terminó negociándose a sí misma: no para rendirse, sino para decidir qué parte de su vida sigue siendo suya.

▸ Leer un fragmento

FRAGMENTO DE MUESTRA:

Contexto: Valeria y Esteban están en una cena que debería formar parte de una negociación. Él acaba de pedir el postre de la casa y convierte una cucharada en una forma de leerla.

 " —¿Siempre eres así de observador?

  —Solo cuando algo me interesa.

  Trago saliva.

  Me sostiene la mirada un segundo demasiado largo, y el aire entre nosotros se vuelve denso, peligroso. Estoy a punto de decir algo —cualquier cosa que rompa este  momento— cuando aparece el mesero, como un salvavidas lanzado justo a tiempo.

  —¿Les gustaría ver el menú de postres? —pregunta con una sonrisa profesional.

  Esteban no aparta la mirada de mí. Sonríe despacio.

  —Sí. Tráenos el postre de la casa.

  El mesero asiente y se retira. Yo respiro, intentando recuperar el equilibrio que acabo de perder.

  El mesero regresa con dos platos. Coloca uno frente a Esteban, otro frente a mí.

  —Mousse de chocolate con crema de vainilla —anuncia con orgullo—. Que lo disfruten.

  Se retira.

  Miro el postre. Esteban mira el suyo. Tomo la cuchara. Él también. Pero cuando lo veo llevarla a la boca, algo cambia. No sé qué tiene ese maldito postre, pero lo convierte todo en un arma.

  Esteban hunde la cuchara en la crema con una lentitud que parece estudiada. La textura se desliza, espesa, brillante, y él la levanta con esa precisión que me desarma.

  La lleva a la boca. Y entonces… sus labios envuelven el metal con una suavidad que me arruina por dentro. Lo observo trazar un pequeño movimiento con la lengua, apenas un segundo, limpiando la esquina de su labio. Es tan sutil que siento un latigazo bajo la piel.

  Mi boca se seca. La humedezco con un movimiento torpe. No debería mirarlo así, no debería mirarlo más. Pero no puedo.

  El restaurante deja de existir. Queda él, su boca, y mi respiración desordenada. Entonces, justo cuando estoy perdida en ese fuego, él levanta la mirada.

  Me ve.

  Directo.

  Sin prisa.

  Sin piedad.

  Y yo hago un gesto mínimo, casi doloroso, como si me hubieran atrapado robando aire. Trago saliva, tratando de recuperar el aliento que perdí en algún punto entre su lengua y ese maldito postre.

  Él sonríe. Una sonrisa que tarda demasiado en formarse.

  Y ahí sé que lo sabe todo. Que me leyó, y que lo disfruta.

  —¿Todo bien? —pregunta con aire inocente.

  Me ahogo en mi propia respiración.

  —Necesito ir al baño.

  Me voy casi corriendo.

  Me miro en el espejo. Estoy encendida. Ridículamente alterada.

  —Cálmate —me digo a mí misma.

  Respiro hondo. Una vez, dos veces y vuelvo a la mesa.

  —¿Segura que estás bien? —pregunta él, demasiado consciente.

  —Perfectamente.

  Miento."

Fichas de lectura

Antes de elegir, puedes revisar género, extensión, nivel de calor y tipo de final de cada historia.

El Encanto de la YaraEl Juego de los LarraínSerie Jacaranda

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