M. Cordoba
Jacaranda Vol. 2
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DOS NOVELAS COMPLETAS EN UN SOLO VOLUMEN. UNA MUJER QUE LLEGÓ HUYENDO. OTRA QUE LLEGÓ A NEGOCIAR.
Jacaranda II reúne dos romances contemporáneos de alto calor: una historia en la costa de Punta del Este y otra en el mundo cerrado de los negocios familiares. Las dos tienen protagonistas adultas, tensión sostenida, una sola pareja y deseo explícito. Cada historia es independiente, tiene su propio final feliz y se lee en una tarde. Es un libro digital, no de papel: al pagar lo descargas al instante en EPUB y PDF, y el enlace también llega a tu correo. Funciona en Kindle, en el teléfono y en cualquier lector.
¿Es para ti?
Se leen rápido: cada historia se empieza y se termina el mismo día.
Pero aquí no se llega al sexo en la página dos. Primero se construye la trama, la relación, la tensión. Cuando la escena llega, la vives con todo.
Explícito, extenso y detallado, escrito con cuidado: nada raro, nada que te saque de la historia. Las dos protagonistas eligen, y ninguna renuncia a lo suyo para que la historia termine bien.
Las dos son romances contemporáneos, en el mundo real, y en los dos hay una diferencia de poder que la historia no esconde: es parte del conflicto y no se resuelve solo.
En la intimidad hay intensidad: a veces él lleva el ritmo, a veces ella toma el mando. Siempre entre dos adultos que lo eligen. Nada oscuro, nada forzado.
Qué contiene este volumen
El Encanto de la Yara
69 páginas · 1 h 15 min · final feliz
El Juego de los Larraín
88 páginas · 1 h 45 min · final feliz
El volumen completo: 165 páginas · ~3 h de lectura.
El Encanto de la Yara
Romance contemporáneo · empleador y empleada · fuego lento en la costa
Rubi llega a Punta del Este después de perder demasiado. Fue repostera, tuvo una vida propia y aprendió a moverse con una sonrisa incluso cuando no sabe dónde quedarse.
Daniel vive rodeado de control: una casa ordenada, silencios bien administrados y la costumbre de mantener a todos a distancia. Rubi entra a trabajar de forma temporal en su casa y altera algo que él creía cerrado.
Ella no intenta conquistarlo. Lo mira de frente, lo contradice cuando hace falta y descubre al hombre debajo de la autoridad.
El problema no es que Daniel la desee. El problema es que el deseo nace en una casa donde él tiene poder y ella necesita elegir sin deberle nada.
Rubi llegó huyendo, pero no para esconderse. Daniel tendrá que aprender que amar a una mujer libre empieza por no retenerla.
▸ Leer un fragmento
FRAGMENTO DE MUESTRA:
Contexto: Daniel le acaba de regalar a Rubi un vestido verde, elegido para ella y no por caro. Ella le pidió que subiera a su habitación en diez minutos para verlo puesto. Rubi trabaja en esa casa, y los dos saben lo que eso complica.
“Rubi estaba de pie frente al espejo. Luchando graciosamente con los lazos del vestido.
La prenda abrazaba su cuerpo como si hubiera sido creada específicamente para ella. El tono verde realzando el dorado de su piel y el castaño profundo de sus ojos. Pero lo que capturó la mirada de Daniel fue su espalda: expuesta, vulnerable, apenas cubierta por la tela suelta.
Ella lo vio a través del reflejo. Sus ojos se ensancharon por un instante. No con alarma, sino con una especie de reconocimiento. Como si hubiera estado esperando ese momento sin saberlo.
—Señor Daniel...
Pronunció su nombre con sorpresa y un temblor nuevo en la voz.
Y entonces, en lugar de cubrirse o mostrar pudor, sonrió.
Una sonrisa lenta. Consciente del poder que ejercía sobre él en ese preciso instante.
—Siga, entre y ayúdeme a amarrar el vestido. ¿No es bonito?
Él, un poco aturdido por la situación y por sus propios pensamientos atrevidos, entró. Cerró la puerta detrás de sí.
El clic de la cerradura resonó como un latido en el silencio de la habitación.
Rubi se colocó frente al espejo. Sosteniendo el vestido con una mano para cubrir sus pechos mientras recogía sus cabellos ondulados con la otra. Dándole espacio para que pudiera amarrar el lazo.
Daniel se acercó a ella con pasos medidos. Consciente de cada movimiento. De cada respiración.
El espacio entre ambos se fue reduciendo hasta desaparecer. El aroma de Rubi, una mezcla de vainilla y algo intrínsecamente suyo, lo envolvió como una invitación.
Notó cómo sus dedos temblaban ligeramente mientras él pasaba el lazo del vestido por su cuello.
—¿Está muy apretado?
Murmuró. Inclinándose ligeramente. De modo que su aliento acarició el lóbulo de su oreja.
Rubi negó con la cabeza. Sin palabras.
El roce de sus manos le cortó el aliento. Por un segundo, no pensó en nada.
Las manos de Daniel, en lugar de anudar el lazo, se demoraron en la tarea. Lo sostuvo mientras contemplaba la espalda desnuda de Rubi.
La piel bronceada de ella brillaba bajo la tenue luz de la habitación. Él contuvo el aliento al notar cómo se erizaba cuando sus dedos rozaban accidentalmente su nuca.
El aroma natural de Rubi lo envolvió como una nube embriagadora. Daniel sintió que sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía los lazos del vestido. Dividido entre el deseo de completar la tarea y la tentación de dejarlos caer.
Algo en la respiración de Rubi había cambiado. Se había vuelto más superficial. Más rápida.
A través del espejo, sus miradas se encontraron. Él vio en los ojos de ella que ya no había vuelta atrás.”
El Juego de los Larraín
Romance corporativo · cliente poderoso y ejecutiva · embarazo inesperado
Valeria Montenegro llega a la mesa de negociación con una carrera construida a pulso. Sabe leer contratos, detectar riesgos y mantener la compostura incluso cuando todo el cuarto espera que falle.
Esteban Larraín no es solo un cliente importante. Es heredero, estratega y un hombre acostumbrado a que nadie confunda deseo con debilidad.
Entre ellos, cada reunión parece decir más de lo que permite la agenda. Lo que empieza como una negociación se convierte en una tensión difícil de nombrar y todavía más difícil de ignorar.
El contrato no es el único conflicto. También están la familia, la reputación, el poder y una mujer que se niega a desaparecer dentro de la vida de un hombre.
Valeria fue a negociar con él, pero terminó negociándose a sí misma: no para rendirse, sino para decidir qué parte de su vida sigue siendo suya.
▸ Leer un fragmento
FRAGMENTO DE MUESTRA:
Contexto: Es el cumpleaños de Esteban, en la casa de su familia. Él le está mostrando la casa a Valeria y se detienen en el estudio de Grecia, su madre, que ya le dejó claro a Valeria que no la quiere cerca de su hijo. Narra Valeria.
“—Ven.
Dice, y abre la puerta justo detrás de mí.
Entro.
Y me golpea el olor a papel viejo, a tinta seca, a hierbas guardadas en frascos. El tipo de aroma que se adhiere a las manos de quienes estudian los misterios del cuerpo como si descifraran a Dios. El cuarto es un santuario de libros, vitrinas con instrumentos de otro tiempo, notas escritas a mano, una lámpara encendida que parece suspender el tiempo.
—El estudio de mi madre. Aquí escribe. Aquí desaparece.
Dice con una voz más baja, más humana. Recuerdo lo que leí de Grecia: la obstetra prodigio, la mujer que en los congresos hablaba de nacimientos como si hablara de milagros rotos y reparados. Una mujer que ve sangre y vida desde la misma ventana. Una mujer que, a pesar de su ciencia, siempre creyó en señales.
Un lugar así… invita al pecado.
Camino hacia su escritorio. Deslizo la silla despacio. El sonido es leve, pero en el silencio del cuarto suena como un presagio. Me siento y cruzo las piernas con una lentitud deliberada, consciente de cada gesto. Él no dice nada, pero lo veo tensarse, como si una cuerda invisible se estirara entre nosotros, a punto de romperse. Lo tomo por la corbata y lo acerco hasta sentir su aliento mezclarse con el mío.
—Quiero que lo hagamos aquí.
Su sonrisa aparece, torcida, peligrosa. Pero detrás de ella hay otra cosa: esa grieta mínima que solo se abre cuando un hombre desea algo que sabe que no debería tocar.
—Aquí no. Si mi madre nos ve… va a incendiar la ciudad.
Murmura, grave.
—¿Y qué? ¿Le tienes miedo?
Pregunto, tocando justo donde duele. Frunce el ceño pero no retrocede.
—No es miedo. Es respeto.
Ese respeto es su ruina y mi ventaja.
—Entonces dejémoslo así.
Digo, soltándolo. Doy un paso atrás, pero no llego lejos. Su mano rodea mi muñeca con una fuerza contenida, medida. Esa fuerza que nace justo antes de que un hombre pierda el control.
Me jala hacia él y me besa. El beso llega como una decisión tomada hace mucho. Tiene sabor a decisión, a deseo, a peligro. Me muerde el labio apenas, como quien tantea la frontera entre el autocontrol y la entrega.
—Vamos a mi cuarto.
Susurra, todavía pegado a mi boca.
—No. O aquí… o nada.
Respondo sonriendo. Entonces ocurre. Se quiebra de la forma más hermosa. Lo empujo suavemente contra el escritorio de Grecia. Sus manos me buscan de inmediato, urgentes, temblorosas, como si llevaran días esperando permiso para existir.”
Antes de comprar: lo práctico
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Advertencias de contenido
Solo para mayores de 18 años. Las dos historias contienen escenas sexuales explícitas. El Encanto de la Yara empieza con el duelo de Rubi por la muerte de sus padres en un accidente, que ocurre fuera de la página. El Juego de los Larraín incluye un embarazo no planeado con amenaza de aborto y una escena en la que un socio acosa a la protagonista en una reunión de trabajo, hasta que el protagonista se interpone y lo detiene. En las dos historias los protagonistas se equivocan de verdad: no son personas perfectas y el libro no los disculpa.
Fichas de lectura
Antes de elegir, puedes revisar género, extensión, nivel de calor y tipo de final de cada historia.
Para después de leerlo
Notas Privadas 2 es el complemento íntimo de este volumen: dos escenas, una de cada pareja, contadas enteras por Rubi y por Valeria. Se lee en unos 20 minutos.
Dónde comprarlo
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