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M. Cordoba

Notas Privadas Vol.1

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NO TENÍA PENSADO MOSTRARTE ESTO. DOS DIARIOS ÍNTIMOS. LO QUE ELLAS ESCRIBIERON CUANDO SE CERRÓ LA PUERTA.

Notas Privadas 1 es un complemento corto de Jacaranda I: los diarios de Frida y Nora, las protagonistas de sus dos novelas. Cada una escribe en primera persona una noche que la novela no cuenta. No es una novela nueva y no continúa la trama: son dos escenas largas y explícitas, contadas enteras y sin cortes.

Es un libro digital, no de papel: al pagar lo descargas al instante en EPUB y PDF, y el enlace también llega a tu correo. Funciona en Kindle, en el teléfono y en cualquier lector. Se lee completo en unos 20 minutos.

Son dos diarios, dos noches. No hace falta leerlos seguidos.

¿Es para ti?

Alto calor explícito Narrado por ellas Una sola pareja por diario Cero rareza Privada: en tu teléfono, solo para ti

Aquí no hay construcción. Las dos escenas empiezan encendidas en la primera línea: lo que las novelas se toman cien páginas en ganar, esto te lo da de entrada.

Se lee completo en unos 20 minutos. Es un complemento corto, no una novela nueva.

El diario de Frida va más lejos que cualquier escena de su novela. El de Nora es más corto y más suave.

Puedes leerlo sin haber leído Jacaranda I. Vas a entender lo que pasa, pero no a quiénes les pasa: funciona mucho mejor después de las novelas.

Nada raro, nada forzado. Una sola pareja en cada diario, y las dos escenas las quieren los dos.

Qué contiene

El diario de Frida

11 páginas · unos 14 min · Frida y Drake

El diario de Nora

7 páginas · unos 7 min · Nora y Lex

El libro completo: 24 páginas · ~20 min de lectura. No hay más contenido: son estos dos diarios, una bienvenida y una página de agradecimiento.

El diario de Frida

Fantasía romántica · lo cuenta ella · una noche completa, sin trama alrededor

Frida es la reina de fuego de El Fruto de la Discordia. Pasó diez años sin que nadie pudiera tocarla sin quemarse. Drake es el dios que empezó una guerra por una fruta sagrada, la vio pelear y dejó de querer la fruta.

En su diario escribe una noche que la novela no cuenta. Los dos ya están juntos, solos en su habitación, y ella llega decidida a llevar la escena.

Va más lejos que cualquier escena de la novela: más largo, más detallado y sin nada que la interrumpa. Y es la única vez que Frida habla en primera persona, porque la novela la cuenta desde fuera.

▸ Leer un fragmento

FRAGMENTO DE MUESTRA

Contexto: Frida y Drake ya están juntos. Ella escribe sobre una noche a solas con él, en su habitación. Narra ella.

“Apagué la luz con un chasquido. El fuego fue lo único que quedó, trazando sombras sobre nuestros cuerpos. La habitación se volvió penumbra cómplice.

Él estaba reclinado sobre las sábanas como si le pertenecieran. Un brazo tras su cabeza. Esa media sonrisa suya. Su pecho subía y bajaba con respiración apenas controlada, traicionándolo.

Siempre he sentido sed de él. Una sed que nace en la garganta y desciende como miel ardiente hasta convertirse en pulso doloroso entre mis piernas. Pero esta noche venía mezclada con hambre. No solo quería saciarme. Quería poseerlo. Marcarlo como mío. Sentir cómo se deshacía bajo mis manos hasta que mi nombre fuera lo único que recordara pronunciar.

Me acerqué con calma deliberada. Sentía el roce del aire sobre mi piel. Entre mis piernas, ese cosquilleo tibio que se volvía humedad. Mis dedos encontraron su mano, acariciando sus nudillos con lentitud que ocultaba intenciones más oscuras.

Entonces lo vi.

Deslizó su mano por su pecho, bajando hasta su entrepierna. No apartó sus ojos de los míos mientras presionaba su erección con descaro reverente, como si me ofreciera algo sagrado.

Se mordió el labio inferior. No habló. Solo esperó, su mandíbula apretada apenas, como una pregunta que no iba a hacerse en voz alta.

Mi garganta se cerró en un nudo ardiente. El calor líquido humedeció la tela que ya me pesaba entre las piernas.

Se reclinó contra el espaldar. Su pecho subía y bajaba como el de un animal domando su instinto. Yo veía el temblor en sus costillas, la tensión tras esa calma.

Sin apuro comenzó a deslizar sus pantalones. Sabía que me tenía mirando, conteniendo el aliento.

Y entonces lo vi. Libre. Erguido. Palpitante.

Un jadeo escapó de mis labios. Mis pezones se endurecieron al instante, como si su desnudez tuviera eco en mi cuerpo. Me humedecí los labios—no era coquetería, era necesidad instintiva.

Él lo notó.

Lo tomó con su mano derecha. Sin pudor. Sin prisa. Lo acarició con firmeza que parecía una amenaza.

—¿Ves lo que me haces? —murmuró—. Esto... es tuyo.

Cada palabra me atravesó. Cada desliz de su mano era un conjuro que me ataba más fuerte. Y yo, que había llegado como cazadora, comencé a sentirme la presa.

Él se alimentaba de eso. Lo vi en esa sonrisa suya, apenas una curva, con la satisfacción antigua de quien domina sin necesidad de tocar.

—Quítate lo que traes —ordenó.

Había autoridad en esa orden. Y algo que sonaba casi a súplica.

Entrecerré los ojos. En esa habitación no había sumisión, solo un duelo de poder. Si iba a obedecer, no sería por debilidad. Sería porque el placer de hacerlo a mi manera era más excitante.

Comencé a desvestirme prenda por prenda sin romper el contacto con su mirada. Cada tela que caía dejaba al descubierto no solo mi piel, sino mi intención. La desnudez, cuando es elegida con dominio, se vuelve arma.”

El diario de Nora

Romance contemporáneo · lo cuenta ella · una madrugada completa, sin trama alrededor

Nora es la chocolatera de Atrapados en el Sí. A ella y a Lex los obligaron a casarse; meses después, ya viviendo en Nueva York, eligieron quedarse.

En su diario escribe una madrugada que la novela no cuenta: no podía dormir, bajó a la cocina a temperar chocolate con la camisa de él puesta, y él la encontró ahí.

Es más corto y más dulce que el de Frida. Y es la única vez que escuchas a Nora: la novela entera está contada por Lex.

▸ Leer un fragmento

FRAGMENTO DE MUESTRA

Contexto: Nueva York, pasada la medianoche. Nora no podía dormir y bajó a la cocina a temperar chocolate. Lex la encuentra ahí. Narra ella.

“Me puse su camisa. Solo eso. El algodón me quedaba enorme, rozando mis muslos con cada movimiento. Me hacía sentir suya. Protegida dentro de algo que olía a él.

Estaba concentrada en el termómetro cuando su voz me encontró.

—¿Qué haces despierta?

Me sobresalté. El chocolate casi se derrama.

Ahí estaba Lex, apoyado contra el marco de la puerta. Descalzo. Sin camisa. Esos pantalones de pijama colgando peligrosamente de sus caderas. Su cabello despeinado. Me miró desde ahí—la mano todavía en el marco, sin entrar. Los ojos entrecerrados apenas.

—Yo... chocolate —logré decir, señalando el bol como si eso explicara algo.

Se acercó despacio. Demasiado despacio. Como si supiera exactamente el efecto que tenía en mí.

—¿Necesitas ayuda?

—Ya casi termino. Solo hay que tener paciencia...

Se detuvo justo detrás de mí. Tan cerca que sentí su calor en mi espalda. Su aliento rozó mi nuca.

—Paciencia —repitió, su voz más grave—. No es mi fuerte cuando se trata de ti.

Mi mano tembló. El chocolate se movió en el bol.

—Lex...

—Shhh. Sigue. Quiero verte trabajar.

Intenté concentrarme. De verdad que lo intenté. Pero sus manos encontraron mis caderas. Un toque ligero. Apenas presión. Pero suficiente para hacerme consciente de que solo llevaba su camisa. Nada más.

—Es importante respetar el tiempo —susurré, sin saber si hablaba del chocolate o de nosotros—. No puedes forzarlo o se rompe.

Sus labios rozaron mi oreja.

—¿Y si ya no quiero esperar?

El cucharón cayó al bol con un ruido metálico.

Me giré hacia él. Sus manos firmes en mis caderas.

—Nora... —dijo mi nombre como si fuera una oración—. ¿Sabes lo que me haces?

Negué con la cabeza. No confiaba en mi voz.

Tomó mi mano derecha. La guió hasta el bol. Sumergió mi dedo índice en el chocolate tibio. El contraste entre el calor sedoso y el aire frío de la cocina me erizó la piel.

Levantó mi dedo entre nosotros.

Y sin apartar sus ojos de los míos, lo llevó a su boca.

Me quedé sin aliento.

Su lengua salió primero—lenta, caliente, trazando un camino desde mi nudillo hasta la yema. Saboreó el chocolate con movimientos deliberados. Luego cerró los labios alrededor de mi dedo.

Succionó.

Un sonido escapó de mi garganta. Pequeño. Involuntario.

Él sonrió contra mi piel.

—Más dulce de lo que recordaba —murmuró—. Pero no es el chocolate.

Antes de que pudiera procesar sus palabras, sus manos me levantaron y me sentaron sobre la isla. El mármol frío contra mis muslos desnudos me hizo jadear.

Se colocó entre mis piernas. Sus manos subieron por mis muslos, arrastrando la camisa. Sus dedos dejaban rastros de fuego en mi piel.

—¿Sabes cuántas veces he pensado en esto? —preguntó, su voz áspera—. ¿En encontrarte así? ¿En tenerte para mí?

—Lex... yo...

—No tienes que decir nada —susurró contra mis labios—. Solo... déjame.”

Antes de comprar: lo práctico

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Advertencias de contenido

Solo para mayores de 18 años. Los dos diarios son escenas sexuales explícitas de principio a fin, sin trama alrededor: si estás buscando historia, la historia está en las novelas. Aquí no hay violencia ni coacción, y en las dos escenas los dos quieren estar ahí. Atrapados en el Sí empieza con un secuestro y un matrimonio bajo amenaza, y El Fruto de la Discordia tiene guerra: nada de eso aparece en estos diarios.

Las novelas de las que salen estos diarios

Notas Privadas 1 acompaña a Jacaranda I, el volumen con las dos novelas completas. Si todavía no lo tienes, empieza por ahí.

Jacaranda I: las dos novelasSerie Jacaranda

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