M. Cordoba
Jacaranda Vol. 3
Jacaranda Vol. 3
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DOS NOVELAS COMPLETAS. UNA DIOSA QUE APRENDE EL PESO DE UN CUERPO. UNA ARTISTA QUE ENCUENTRA EL CAMINO DE VUELTA.
Jacaranda III reúne fantasía histórica romántica y romance metafísico contemporáneo. Es el volumen más extenso de la serie: dos historias independientes, adultas, de alto calor, con mujeres que desean sin pedir permiso y hombres que no pueden salir intactos de ese encuentro. Cada historia se lee en una tarde. Es un libro digital, no de papel: al pagar lo descargas al instante en EPUB y PDF, y el enlace también llega a tu correo. Funciona en Kindle, en el teléfono y en cualquier lector.
¿Es para ti?
Se leen rápido: cada historia se empieza y se termina el mismo día.
Pero aquí no se llega al sexo en la página dos. Primero se construye la trama, la relación, la tensión. Cuando la escena llega, la vives con todo.
Explícito, extenso y detallado, escrito con cuidado: nada raro, nada que te saque de la historia. Las dos protagonistas eligen, desean y dicen en voz alta lo que quieren.
Ninguna de las dos es romance realista, y los dos finales no son iguales: uno feliz, uno trascendente. Cada sinopsis te lo cuenta claro antes de comprar.
Si nunca has leído romance explícito, esta es una buena puerta de entrada.
Qué contiene este volumen
Una mujer con suerte
76 páginas · 1 h 40 min · final trascendente
Al Este
150 páginas · 2 h 55 min · final feliz
El volumen completo: 233 páginas · ~4 h 35 min de lectura · el más extenso de la serie.
Una mujer con suerte
Fantasía histórica romántica · diosa y rey mortal · final trascendente
Tique es la diosa de la Fortuna y está cansada de escuchar súplicas humanas. Ha visto a reyes pedir victorias, amantes pedir milagros y mortales culparla por todo lo que no se atrevieron a decidir.
Un engaño la deja en la tierra, sin poder divino y dentro de un cuerpo que siente hambre, frío, rabia y deseo. Entonces aparece Alejandro, un rey joven que todavía cree que el mundo puede doblarse bajo su voluntad.
Se conocen por un error: él la confunde con la mujer que había pedido para esa noche y le ordena quitarse el vestido. Tique lo abofetea y le exige respeto. En vez de castigarla, Alejandro queda fascinado con la única mujer que no teme desafiarlo.
Él quiere conquistar imperios. Ella se sabe por encima de reyes e imperios: es una diosa, aunque ahora viva en un cuerpo mortal. Si no se inclina no es rebeldía; es que nadie le parece suficiente.
Entre campañas, palacios y decisiones que pesan más que una corona, Tique descubre que amar a un mortal no significa salvarlo de sí mismo.
El final es distinto: Alejandro muere en Babilonia, como en la historia real, y Tique está a su lado. No es el final feliz de siempre; es un cierre que trasciende la vida y te deja imaginando la siguiente.
▸ Leer un fragmento
FRAGMENTO DE MUESTRA:
Contexto: Alejandro organizó una fiesta en honor a la diosa de la Fortuna para atraer a Tique sin obligarla a nada. Ella lo besó delante de todos, se lo llevó a una estancia privada y acaba de bailar solo para él. Tique lleva el ritmo de la escena entera, y aun así casi todo lo que pasa esta noche le está pasando por primera vez.
“Con acceso a su boca, la besó con un peso nuevo, como si quisiera beberla entera. Bajó el vestido por un hombro, luego por el otro, y la tela cedió hasta la cintura. Sus pechos no eran grandes ni pequeños: eran de una suavidad que pedía boca, y Alejandro tomó uno y se llenó con él por completo, como quien por fin encuentra la medida exacta de su hambre. La devoraba con los labios, con la lengua, con un apetito que parecía querer tatuarle su nombre en la piel —y esa boca la encendió más que todo lo anterior. Tique arqueó la espalda, un gemido escapando sin permiso, y hundió los dedos en la melena de él para que no se detuviera.
Rozándose contra él, lo sintió duro y urgente bajo la tela. Alejandro despegó los labios de su pecho apenas lo suficiente para hablar.
—¿Alguna vez has besado a un hombre? —preguntó contra su piel.
Ella soltó una risa corta, sin aliento.
—Llevo toda la noche besándote.
Él le tomó la mano y la bajó despacio, hasta dejarla sobre su sexo erguido.
—No hablo de la boca.
Tique negó con la cabeza. El pulso se le desbocó.
—¿Me enseñas? —susurró.
—Eso no se enseña. —La voz le salió de grava y miel—. Solo se siente.”
Al Este
Romance metafísico contemporáneo · almas que se reconocen · artista y escritor
Mel dibuja historias adultas, sueña con demasiada lucidez y vive con una brújula heredada que siempre parece saber más que ella. Una madrugada choca su auto contra un jacaranda. Mientras su cuerpo pasa cuatro días en coma, ella despierta en un lugar que no obedece las reglas de su mundo.
Al Este hay una casa sobre un risco, una puerta sin seguro y un hombre que parece haberla esperado sin saberlo.
Héctor construye espacios, guarda secretos y escribe con una oscuridad elegante que Mel reconoce antes de poder explicarla. Ella llega con preguntas; él responde con límites que ninguno de los dos respeta por completo.
Lo que los une no es poder. Es juego, provocación, una apuesta sobre quién cae primero y una memoria que insiste aunque cambien los nombres.
Al Este es la novela más larga de Jacaranda: un romance de reconocimiento entre vidas. Tiene final feliz, pero no el de siempre. Mel despierta, vuelve con su familia y aprende a cruzar de nuevo por decisión propia. La puerta queda abierta. Es también la historia donde por fin se revela el secreto de los jacarandás que atraviesan toda la serie.
▸ Leer un fragmento
FRAGMENTO DE MUESTRA:
Contexto: Mel entró sola al cuarto de simulaciones de Héctor y creó una barbería caribeña llamada Gloria. La barbera es ella misma jugando ese papel, y Héctor entró en la fantasía como cliente y decidió quedarse. Narra él, el hombre que nunca pierde el control.
“La música sigue. El ventilador del techo empuja el aire caliente de un lado a otro como si cumpliera con el mínimo indispensable. Ella regresa sin apuro, sin distancia, y cuando se para frente a mí huele a algo que no identifico pero que registra en algún lugar más hondo que el olfato.
—Siéntese —dice—. Por acá.
Me coloca la bata. Sus dedos rozan mi cuello un segundo más de lo necesario, y yo lo dejo pasar.
Empieza con la crema. No me mira a los ojos sino a la barba, concentrada, profesional, con esa seriedad fingida que ya me está costando ignorar. Se inclina para llegar mejor a un lado y es ahí donde lo entiendo: el vestido tiene un escote que no guarda nada, y ella no lleva nada debajo.
No es un accidente.
Nada en esta simulación es un accidente.
Sus pechos rozan mi cara mientras se mueve, y el contacto es breve, pero suficiente. Mi mandíbula se tensa. Ella no se detiene, no se disculpa, solo sigue trabajando con esa calma deliberada que me está poniendo los dientes de punta.
—Perdón —dice, sin sonar arrepentida en absoluto.
No respondo.
Ella sonríe de lado, sin mirarme.
Sigue.
El roce vuelve. Esta vez más despacio. Esta vez con más intención que descuido, y yo tengo que hacer un esfuerzo activo para mantener la respiración pareja porque algo en mi pecho empieza a moverse de una manera que no me es familiar. Hace cuánto no me pasa esto. Hace cuánto tengo que contenerme en lugar de simplemente no querer.
Limpia la crema. Se para frente a mí, evalúa su trabajo, y entonces — sin drama, sin preámbulo— se sienta en mis piernas.
—Es mejor así —dice—. Puedo ver mejor lo que hago.
Se acomoda. Su cadera sobre mi muslo. Su peso concreto, real, con esa temperatura particular que tiene la piel cuando está caliente de verdad y no de mentira. Y empieza a moverse, lento, con el pretexto de la cuchilla, con el pretexto del ángulo, con el pretexto de cualquier cosa menos la verdad.
La miro.
No puedo no mirarla.
El vestido se abre con el movimiento y sus pechos están ahí, simplemente ahí, sin ocultarse ni ofrecerse, solo existiendo con esa naturalidad que resulta más indecente que cualquier otra cosa que hubiera podido hacer.
—¿Le gustan? —pregunta.”
Antes de comprar: lo práctico
Cómo llega tu libro
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Advertencias de contenido
Solo para mayores de 18 años. Las dos historias contienen escenas sexuales explícitas. Una mujer con suerte transcurre dentro de una campaña militar: hay batallas, muertes, ejecuciones sin juicio, el incendio de una ciudad y mujeres entregadas como símbolo político. Alejandro no es una versión limpia del personaje histórico y se casa por estrategia; el romance y las escenas eróticas son de él y de Tique. La primera escena entre los protagonistas es Alejandro confundiendo a Tique con una mujer pagada y ordenándole que se desvista; ella lo abofetea y le exige respeto; lo que pasa después entre ellos ocurre porque Tique lo desea y lo elige. Alejandro muere al final, como en la historia real. Al Este empieza con un accidente de tránsito y con Mel en coma durante cuatro días mientras su familia la acompaña junto a la cama.
Fichas de lectura
Antes de elegir, puedes revisar género, extensión, nivel de calor y tipo de final de cada historia.
