M. Cordoba
Jacaranda Vol. 3
Jacaranda Vol. 3
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Qué contiene este volumen
Jacaranda Vol. 3 · 57.042 palabras · ~4 h 45 min de lectura.
Una mujer con suerte (20.587 · 1 h 45 min · trascendente, NO HEA) y Al Este (36.455 · 3 h · HEA).
Jacaranda III es el volumen más extenso de la serie.
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DOS NOVELAS COMPLETAS. UNA DIOSA QUE APRENDE EL PESO DE UN CUERPO. UNA ARTISTA QUE ENCUENTRA EL CAMINO DE VUELTA.
Jacaranda III reúne fantasía histórica romántica y romance metafísico contemporáneo. Es el volumen más extenso de la serie: dos historias independientes, adultas, de alto calor, con mujeres que desean sin pedir permiso y hombres que no pueden salir intactos de ese encuentro.
UNA MUJER CON SUERTE
Fantasía histórica romántica · diosa y rey mortal · final trascendente
Tique es la diosa de la Fortuna y está cansada de escuchar súplicas humanas. Ha visto a reyes pedir victorias, amantes pedir milagros y mortales culparla por todo lo que no se atrevieron a decidir.
Un engaño la deja en la tierra, sin poder divino y dentro de un cuerpo que siente hambre, frío, rabia y deseo. Entonces aparece Alejandro, un rey joven que todavía cree que el mundo puede doblarse bajo su voluntad.
Él quiere conquistar imperios. Ella no se inclina ante nadie, ni siquiera cuando ya no puede esconderse detrás de su nombre.
Entre campañas, palacios y decisiones que pesan más que una corona, Tique descubre que amar a un mortal no significa salvarlo de sí mismo.
Esta historia no tiene final feliz tradicional. Su cierre es trascendente: íntimo, doloroso y coherente con una mujer que aprende la diferencia entre acompañar y pertenecer.
▸ Leer un fragmento
FRAGMENTO DE MUESTRA:
Contexto: Tique acaba de llegar al campamento macedonio bajo un nombre prestado. Alejandro la vio la noche anterior, recibió una bofetada y ahora vuelve a encontrarla en el río, cuando ninguno de los dos está preparado para admitir lo que empezó.
"Al río lo templaba una bruma matinal apenas azulada cuando Alejandro emergió, el agua escurriéndole en su cuerpo. Más abajo, Tique restregaba un vestido contra una piedra con torpeza casi tierna; parecía no haber lavado nunca, y a él le extrañó —si hasta un rey sabía hacerlo, ¿cómo no aquella muchacha?
El chapoteo quedó sepultado por el estrépito del agua contra las rocas y ella no lo oyó. Alejandro, fascinado por ese rostro que lo había perseguido toda la noche, se sumergió y atravesó la pequeña laguna con la sigilosa determinación de un tigre. Salió a un palmo de ella. El sobresalto le arrancó a Tique un grito; el vestido voló al agua y, en su brusco intento por apartarse, perdió pie y cayó. Él la sujetó de los brazos —calor contra calor— y la alzó sin esfuerzo hasta que los dos quedaron de pie en la orilla.
Ella bajó la mirada y vio sus manos posadas sobre un pecho firme, caliente, bien esculpido. El contacto la estremeció. Su aliento se volvió errático, como si el aire ya no supiera entrar del todo. Y cuando se atrevió a mirarlo a los ojos, esos ojos que parecían haber nacido en la batalla, se apartó de golpe, con las mejillas ardiendo.
—Eres un desvergonzado. Te advertí que no me tocaras.
—Solo intentaba salvarte de un chapuzón —rió él, sacudiéndose las gotas como un perro feliz—. Aunque, pensándolo bien, la bofetada de anoche merecía venganza.
—Si buscas equilibrar la otra mejilla, puedo complacerte —dijo ella, alzando la mano.
—¿Pesa tu izquierda lo mismo que tu derecha?
—Podemos comprobarlo ahora mismo.
Había una chispa vital en el rostro del rey, un fuego que pocas veces se veía lejos del combate.
—¿Cuál es tu verdadero nombre? —preguntó—. Anoche se quedó en el aire... dijiste Lira, pero ibas a decir algo más.
—No importa. Si te lo dijera te reirías, como todos.
—Te prometo que no. —Inclinó la cabeza, casi reverente—. ¿Tan terrible es?
—Nada gracioso... Me llamo Tique.
—¿Tique? —Alejandro dejó que el nombre gustoso le rodara en la lengua—. Como la diosa de la fortuna.
—Exacto... tal vez sea ella —murmuró, alzando el mentón con ironía.
—No lo dudaría —respondió él—. Tienes todo el porte de una diosa."
AL ESTE
Romance metafísico contemporáneo · almas que se reconocen · artista y escritor
Mel dibuja historias adultas, sueña con demasiada lucidez y vive con una brújula heredada que siempre parece saber más que ella. Después de un accidente, despierta en un lugar que no obedece las reglas de su mundo.
Al Este hay una casa sobre un risco, una puerta sin seguro y un hombre que parece haberla esperado sin saberlo.
Héctor construye espacios, guarda secretos y escribe con una oscuridad elegante que Mel reconoce antes de poder explicarla. Ella llega con preguntas; él responde con límites que ninguno de los dos respeta por completo.
Lo que los une no es poder. Es juego, experimentación, incomodidad saboreada y una memoria que insiste aunque cambien los nombres.
Al Este es la novela más larga de Jacaranda: un romance de reconocimiento entre vidas, con final feliz sostenido en el reconocimiento, el regreso y una puerta que queda abierta.
▸ Leer un fragmento
FRAGMENTO DE MUESTRA:
Contexto: Mel acaba de cruzar a un mundo que no entiende. Solo tiene una brújula, una dirección imposible y la certeza de que algo que ella misma dibujó la está siguiendo.
"La brújula tiembla en mi mano.
No sé si soy yo la que tiembla o si es ella. La aguja se sacude como un insecto nervioso atrapado bajo el vidrio, pero vuelve siempre al mismo lugar.
Este.
Corro hacia el este porque un hombre que salió de una pared me lo dijo, y esa es toda la lógica que me queda esta noche.
Las ramas me cobran peaje en los brazos. La seda blanca de la pijama — porque crucé a otro mundo en pijama, por supuesto; hasta para eso soy puntual— ya es más jirón que tela. Mis pies van descalzos y en algún momento dejaron de dolerme, y sé que eso no es buena señal: el dolor no se rinde, se guarda.
Y detrás de mí, ellos.
Los escuché antes de verlos. Primero un rumor entre los árboles. Después respiraciones pesadas, patas quebrando hojas secas, gruñidos bajos que erizan la piel.
Lobos.
No necesito verlos para saberlo. Llevo tres capítulos dibujando ese sonido.
No pienses eso.
No hay tiempo para pensar eso.
Corro.
De pronto los árboles se abren y el mundo aparece frente a mí: el bosque termina en un risco que respira sal. El mar golpea abajo, oscuro y profundo, como una criatura dormida que se mueve despacio bajo la luna.
Y allí, aferrado al borde de la tierra, un pueblo.
Pequeño. Blanco. Las casas descansan bajo la luz plateada como si nada malo pudiera existir en un lugar así.
Yo sé dibujar esa mentira. La he vendido por capítulos.
Corro hacia ella de todos modos.
La primera puerta la toco como una persona civilizada.
Nada.
La segunda ya la empujo como una ladrona. La tercera ni la saludo: voy directo a la ventana.
Cerrado. Todo el pueblo cerrado, como si me hubieran visto venir desde hace años.
Un gruñido atraviesa la calle vacía.
Ya están aquí.
Y entonces la veo: la casa del extremo. La última. Se alza sola en la punta del risco, grande, silenciosa, mirando el mar como quien lleva siglos esperando algo.
La reja del jardín no tiene seguro.
No me detengo a preguntarme por qué la única puerta abierta del mundo es la de la casa que da más miedo. Las mujeres de mis historias hacen eso y yo siempre las castigo por tontas.
Empujo la reja. Cruzo.
El jardín es amplio y oscuro. El mar respira detrás de la casa. Hay un árbol enorme, con un tronco tan ancho que su sombra podría adoptarme.
Me refugio ahí. La espalda contra la corteza. Los pulmones ardiendo. La boca seca.
Y ellos llegan."
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